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Obama y Bernanke ven los primeros signos
de recuperación económica
Si el presidente de Estados Unidos, Barack Obama,
y el de la Reserva Federal, Ben Bernanke, dicen que la botella económica
va camino de parecer medio llena, sus razones tendrán. Ambos
exhibieron ayer un moderado optimismo al insinuar que la economía
ha dejado atrás la fase de caída libre. Obama dijo
que EE UU comienza a avistar "por primera vez rayos de esperanza"
en el horizonte. Bernanke, por su parte, señaló que
la venta de viviendas, la construcción y el consumo, incluida
la venta de coches, muestran "tímidos signos de que
el agudo declive de la actividad económica podría
estar frenándose", lo que sería "el primer
paso hacia la recuperación".
Obama defendió sus decisiones económicas
más controvertidas como medidas necesarias de una Administración
"a la que se ha pedido que gobierne en tiempos extraordinarios".
"Esta recesión es diferente", dijo "y la ha
provocado la tormenta perfecta que son la irresponsabilidad y la
pobreza de juicio que abarcaron de Wall Street a Washington y a
las calles del país".
En un discurso pronunciado ayer en la Universidad
de Georgetown y con el que quiso sentar las bases de "unos
nuevos cimientos" para la economía norteamericana, el
presidente definió como imprescindibles decisiones como la
nacionalización de parte de la banca privada, el rescate
de las empresas automovilísticas o el plan de estímulo
económico.
"Son piezas necesarias en el puzle de la recuperación",
dijo Obama. "Han sido diseñadas" añadió
"para incrementar la demanda, forzar a que el crédito
fluya de nuevo hacia familias y empresas, y ayudar a que éstas
se resguarden de la tormenta. En conjunto, estas medidas empiezan
a dar señales de avance económico".
Obama rechazó ser un presidente intervencionista.
Presentó, en cambio, un panorama económico que hubiera
llevado a EE UU a un derrumbe total si el Gobierno no hubiera actuado
a tiempo y con rapidez. Y lo explicó muy gráficamente:
"La burbuja inmobiliaria explotó; los precios de las
casas cayeron; los ciudadanos comenzaron a no poder pagar sus hipotecas
subprime; el valor de los préstamos y títulos cayó
en picado; los bancos y los inversores no encontraron a nadie que
los volviera a comprar, y la avaricia dio paso al miedo".
En un contexto semejante, dijo el presidente, fue
necesario hacer de la intervención gubernamental una excepción
necesaria. "La historia nos ha enseñado, en numerosas
ocasiones, que las naciones que no toman unas medidas agresivas
a tiempo para que el crédito fluya de nuevo, experimentan
crisis que duran años y años, en lugar de meses y
meses" concluyó.
Tratando de explicar a la ciudadanía de
a pie su gestión de la economía, Obama convirtió
las decisiones macroeconómicas de su Gobierno en una parábola
del Evangelio de san Mateo. Así, recordó una de las
historias del sermón de la montaña, la de dos hombres
que construyen sendas casas con materiales distintos. Uno elige
la arena, y el otro, con más esfuerzo, la piedra. Cuando
la tormenta llega, la casa de arena se hunde, y la de roca sigue
refugiando a sus inquilinos. "No podemos reconstruir nuestra
economía en ese mismo montón de arena", explicó,
"debemos erigir nuestra casa en una roca. Debemos sentar las
bases del crecimiento y la prosperidad, unos cimientos que nos harán
cambiar de una era de deuda y gasto a otra de ahorro e inversión".
Desde la Reserva Federal su presidente, Ben Bernanke,
también se muestra estos días algo más satisfecho,
al decir que las cosas ya no se degradan tan rápido como
en meses pasados. Bernanke intentó dar un mensaje positivo
pese a algunos datos preocupantes que se conocieron ayer al declararse
"fundamentalmente optimista" sobre las perspectivas a
largo plazo de la economía. Y en este sentido dijo que hay
"tímidos signos" del lado de la vivienda y el consumo
que indicarían que la economía ha dejado atrás
la fase de caída libre. Bernanke también subrayó
que se han logrado avances en la estabilización del sistema
financiero y los mercados crediticios.
Fuente: http://www.elpais.com
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